EL LIDERAZGO Y LA COMUNICACIÓN GRUPAL

La conducción de personas se basa en ocho pilares fundamentales y universales, a saber: la actitud y buena predisposición del líder; el diálogo permanente; dar contenido a las órdenes impartidas; ser equilibradamente permisivos y prohibitivos; marcar los errores cometidos por la gente; el reconocimiento de los aciertos; buscar objetivos grupales y estimular la competencia entre pares.

Cinco de estos puntos están relacionados con la optimización de la comunicación del líder con su grupo y viceversa. Cabe decir que ese intercambio debe ser la preocupación primordial de quien pretenda hacer de su tarea de Conductor una labor destacable

En la estructura de un grupo co-existen tres tipos bien definidos de comunicación: ascendente, descendente y lateral.
La comunicación ascendente es el tipo más difícil de instaurar porque requiere de la confianza del conducido por su superior, lo que depende de una tarea previa de este último (algunos gerentes se toman el tiempo para esto, otros no).

El primero debe sentir que su jefe opera en favor de la gente que está bajo su responsabilidad, saber que será realmente escuchado y “respirar” un clima de respeto. Este diálogo es vital para la relación porque en él son frecuentes las quejas y las demandas tan incómodas (para quien las dice y para quien las escucha) como saludables.

Es preciso que sean permitidas para evitar problemas ulteriores porque con el tiempo suelen dilatarse, deformarse o agravarse.

La comunicación descendente es la provocada por el conductor y estimula a su vez la comunicación ascendente, abriendo estos canales en dirección al jefe. Este último no debe esperar que la gente que tiene a su cargo se comunique espontáneamente con él porque, en general, no sucede.

Éste tipo de comunicación está directamente vinculado con la mayoría de los “pilares de la Conducción” mencionados al inicio del artículo: provocar el diálogo sin esperar que ellos lo provoquen; ocasionalmente, explicar el por qué de ciertas medidas tomadas por la Firma o por él mismo, compartiendo a veces con ellos situaciones de crisis; expresar los errores percibidos y explicar los procedimientos correctos; reconocer el buen desempeño apelando a cualquiera de los recursos destinados a tal fin (como premios monetarios, gestos que demuestren agrado por alguna labor bien desempeñada, palabras utilizadas para causar un efecto alentador, en grupo o en particular con cada uno, etc.).

También nos referimos a la comunicación descendente cuando nos reunimos con el fin de hacer extensiva la importancia de la participación de ese conjunto de personas en los intereses de la Empresa, entendidos como provechosos para la totalidad.

La comunicación lateral hace referencia a los diálogos mantenidos entre pares, rara vez productivos a menos que todos los miembros del grupo estén identificados con los objetivos del gerente y la Empresa y operen en la misma dirección.

Los equipos están integrados por personas y como tales suelen ser imprevisibles y emocionalmente inconstantes, muchas veces por razones ajenas a su trabajo.

Analizadas entonces las características de cada tipo de comunicación dentro de un grupo, el jefe deberá inclinarse por la estimulación de los dos primeros (ascendente y descendente), los que gradualmente irán desplazando al tercero o quizás consigan tornarlo más saludable y productivo.

De esta forma una Comunicación eficaz se convierte en la herramienta más poderosa con la que un buen jefe puede contar para transformar su equipo en un grupo de trabajo sólido y con metas claras, identificado con él.

En sí , este comportamiento MOTIVA al personal porque son contemplados, respetados, contenidos, exigidos y fundamentalmente, CONDUCIDOS.


Fuente: Verónica Corba - Up-grade@sinectis.com.ar